martes, 28 de abril de 2009

La paradoja de lo feo

Para Platón belleza, bondad y bien son la misma cosa; estética. El concepto de estética actualmente tiene dos realidades.

A partir de la segunda mitad del s. XX nace la reflexión actual dirigida hacia la fealdad, ya que para hablar de lo bello hay que contraponer lo feo, y al revés. ¿Rubens o Mondrian? ¿La Odisea o 2666? En la posmodernidad cuando se ha reflexionado sobre la fealdad nos hemos encontrado con que hay una contradicción en la propia denominación ya que la estética de por sí es bella ¿y la estética de lo feo, qué es?

Hay dos posturas que se han superpuesto con el tiempo:

Con el idealismo se estableció un modelo perfecto de lo estético, eterno y con unas coordenadas muy rígidas e inamovibles. Este sistema de belleza eterna funcionó durante muchos siglos pero la práctica diaria lo ha ido rehuyendo hasta eliminarlo. Como deseo sí existe pero como realidad no. La belleza está sometida a la temporalidad y a la subjetividad.

El concepto de belleza-feo no es un concepto inamovible, se modifica a través de los siglos, de la evolución de los imaginarios y el pensamiento. La temporalidad ha ido modificando las modas y conceptos estéticos. Con el romanticismo comenzó a darse una simultaneidad de prácticas y usos culturales de distinta índole. A partir de ese momento histórico los periodos temporales estéticos se han reducido. Actualmente en una misma ciudad se confronta lo más moderno y lo más antiguo.

Para nuestro ámbito, el s. XXI es el momento perfecto para asumir las premisas de los estudiosos de la relación entre literatura y las artes de mitad del s. XX. Además tenemos la suerte que por una serie de fenómenos donde la comunicación y la tecnología han fomentado muchas estéticas, todo simultáneo, a la vez.

Lo feo es arte con historia, Umberto Eco también lo ha demostrado con su ensayo. La belleza de Venus se pierde por el retrete y ahora el canon se rinde a los pies de los males de Pandora: transgresión, rebeldía, provocación, subversión, mercantilismo.

La fealdad da la oportunidad de obtener una distinción original y genuina. Desde Hegel se reconoce a la fealdad como recordatorio de la realidad pero se parte de ella para que renazca lo bello. Lo feo se vende como bello dependiendo de su precio, el artista ya no vale por su calidad sino por lo que se llegue a pagar por una pieza suya.

Lo feo supone una mayor dificultad a ser copiado que lo bello, por eso la simultaneidad de oferta en una ciudad implica también la necesidad de que el receptor seleccione y también olvide.

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